autor: Emilio Huyke (1974)


Quiero gritarlo con ganas, que se enteren mis amigos:

¡que ya  mi mujer es madre y yo padre de un hijo!

Pesó… no sé cuantas libras según el doctor me dijo 

y es más grande y es más fuerte que ningún recién nacido. 

Y hay algo más que se nota (además del parecido).

¡Que tiene las manos grandes y el cuerpo bien formadito!

Lo veré como a Rubén, en los grandes circuitos 

ganando la Serie Mundial, el encuentro decisivo.

Lo veré como a Luyanda en unos Juegos Olímpicos 

rompiendo todas las marcas que se han establecido. 

Lo veré dentro de un ring, como un tigre enfurecido 

conquistando campeonatos, como Carlos, Chegüí y Sixto. 

Lo veré como a Ciqui en la Liga del Castillo 

una Estrella en béisbol, otra en atletismo. 

Lo veré como era Onofre y como Hiram Bithorn ha sido… 

igual que era Battin Rosa, Pete Martín y Fabito. 

Igual que han sido los grandes que nuestra tierra ha tenido: 

¡Campeón de campeones y gloria de Puerto Rico! 

Será pitcher como Iglesias, catcher como Florentino;

jonronero cual Pete Santana, con un brazo como Tingo, 

a lo Guzmán mete líneas, las coge a lo Millito. 

Mete cestas a lo Arguello y arbitra como Pablito, 

valiente como Koli Kolo y lo Montanez, agresivo. 

Futbolista a lo Estarellas y otro Tonos en los brinco, 

veloz como Eugenio Guerra; resistente como Isidro. 

Corre como Beitía y como Nicasio Olmo, el de Arecibo; 

dando jaque a lo Cintrón; levantando a lo Faustino. 

En volleyball es un Facundo y otro Limardo en hipismo. 

Tira bolos a lo Navia y tira balas a lo Andino. 

Juega gallos a lo Storer y el tenis como a Don Tito. 

Versátil como Manuel Ángel y otro Don Rafa en ciclismo. 

María le enseña esgrima y Rebekah el atletismo, 

para ganar campeonatos y medallas en racismo… 

y como Cholo García desde el centro del montículo 

le tira un juego sin hits al major de los equipos. 

Hace parquet a lo Ferry y lo Keelan deportismo. 

Su promotor; Tony Luciano, Jaime Annexy su padrino, 

Manolín su capitán y su apoderado es Pipo… 

¡Y el fanático borincano es quien aplaude a mi hijo! 

De él escriben y a Don Pepe y el leñero de Trujillo. 

Luis Progress quema su pólvora, elogiando su heroísmo, 

y nuevo bambino afirma Eddie Collins ha surgido, 

comparándolo a Perucho en el uso del barquillo… 

Lo quiero ver en los hombros de un público enardecido 

que ovación lo va convirtiéndolo en ídolo. 

Será el atleta del año, por el público escogido 

en todas las competencias en que haya competido. 

Y cuando compita fuera de su terruño nativo, 

defendiendo los colores y nombre de Puerto Rico,

al regresar a la patria en un héroe convertido, 

que lo reciban con flores, con música y con gritos. 

Y cuando llegue el momento, con su deber ya cumplido, 

de colgar sus uniformes y anunciar su retiro, 

que tenga entre sus trofeos, sus medallas y sus títulos, 

el recuerdo de la gloria que le ha dado a Puerto Rico. 

Pero… presiento en el alma lo que le espera a mi hijo: 

lo que está escrito en el libro de eso que llaman destino. 

Le dará lo que lo grandes que nuestra tierra ha tenido;

¡mucha gloria en el presente, ya su pasado el olvido! 

Se olvidarán de sus glorias y se olvidarán de sus títulos, 

como se olvida a Clivilés y se olvidó a Manolito. 

Como se olvidará a Tite Arroyo y se ha olvidado a Nino. 

Que aquí es grande el que vence, no el que una vez ha vencido. 

Si acaso fuera algún día, porque quiere a Puerto Rico, 

a reverdecer laurels bajo el Pabellón Olímpico, 

le gritarán que es viejo, que hace ya un papel ridículo. 

Que no fue nunca una estrella 

y ¡ahora tampoco lo ha sido! 

Para aquel que es un fanático, solo existe el fanatismo 

no por el que es campeón… 

¡no por aquel que lo ha sido por el que es vencedor… 

y nunca por el vencido, a los ganadores gloria;

…desprecio para el retiro. 

Por eso, tierra borincana, de aquí se alejan tus hijos. 

Porque gozas sus conquistas y las pagas con olvido. 

Por eso se fue Caratini y Fogonero se ha ido. 

Por eso se marchó lejos 

la gloria que es nuestro Sixto. 

Y del fondo de mi alma sale «por eso» ese grito: 

¡No…! ¡No quiero que sea atleta el hijo que me ha nacido! 

Que no conozca la Gloria si han de pagar con olvido, 

cuando su pelo esté blanco y sus músculos dormidos. 

Que sea fanático, sí más con otro fanatismo: 

¡el de honrar a quien dio gloria al deporte en Puerto Rico! 

Que se honra quien honrara al que a la patria le dio brillo, 

no solo en la hora presente, sino en los tiempos perdidos.

¡Todas son glorias gigantes que han honrado a Puerto Rico! 

Los de hoy, los de antaño, los que son, los que han sido. 

Será el deporte más grande y más noble el fanatismo, 

cuando honremos el pasado, en el templo de lo siglos. 

Recién nacido que estás en tu cunita dormido, 

recia estampa de mi raza, en mi Borinquen nacido. 

Consagra a tu vida entera sin omitir sacrificios,

¡a cantar como un juglar la gloria de tiempos idos!

Honra esos viejos atletas, mal pagados con olvido,

que el eco de sus hazañas resuene trémulo y vivo

y prende una estrella de oro,

como un florón encendido,

¡y al alma de esos titantes, atletas de Puerto Rico!